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Creo que Angie es de las pocas canciones de los Rolling Stones que no me gusta. No me gusta nada, en verdad, pero, después de escucharla entre las muchas de los Rolling Stones que escuché para inspirarme, no podía dejar de imaginarme a Mick Jagger con su boca, diciendo angiehhh y dejando la oreja tibia, con olor a trago y pucho.
La promesa americana, la partida.

La loca empresa.
El largo desierto.

La llegada al valle.
La gente de la tierra.
La batalla, la crudeza.
El deber.
Los estrategas

Lautaro y su plan.
La muerte
De Gabriela, la Poeta viajera, la niña Gabriela bajo un almendro florecido así como andarán otras niñas por estos días de rico olor.

Esta ilustración la hice el año pasado -en esta misma época- para una exposición. La idea era que todos los ilustradores que participamos nos basaramos en una noticia del dario. Encontré una que contaba los resultados de un estudio hecho por alguna universidad lejana que comprobaba que la lectura de ciertas palabras activaban los mismos musculos que usabamos al sonreir. No estoy segura de la utilidad del estudio -pese a ser muy bonito- porque creo que todos alguna vez hemos sentido el efecto casi mágico de sentir alegría al leer palabras como remolino, tirabuzón o cuchuflí.