Parecía un oso y a veces rugía como león. Pero era un perro -mi enorme perro colorín- que se aterraba con los truenos y le gustaba el pan con mantequilla. Ahora que no está, no sé como van a hacer en el barrio para que a los niños se les pase la pataleta.
Aunque los temblores ya han ido pasando, todavia el miedo vuelve con las réplicas. No queda otra que trabajar por que la experiencia de temor (y dolor en muchas personas) nos enseñe a respetar el hecho de vivir en una tierra maravillosa pero tiritona. (CRA, Ministerio de Educación 2010)