
Parecía un oso y a veces rugía como león. Pero era un perro -mi enorme perro colorín- que se aterraba con los truenos y le gustaba el pan con mantequilla. Ahora que no está, no sé como van a hacer en el barrio para que a los niños se les pase la pataleta.

Que dulce, que penita, con esos ojitos que enternecen, me imagino la falta que hará, besitos paty
ResponderSuprimirPobrecito :(
ResponderSuprimirY pobrecita, como duele cuando nos dejan los peludos.
Saludos Chabe.
Dani.
Si...es increíble como estos animales ocupan un lugar en la vida de uno!
ResponderSuprimirPuchas.
ResponderSuprimirIsabel!!!! se lo que es eso, son uno más de la casa, es muy heavy, casi indescriptible
ResponderSuprimirTe mando muuuuchos abrazos
preciosa la ilus anterior y la del otoño
más abrazos
Noble...
ResponderSuprimirQué penita
Qué lindo era. Y qué pena cuando se van
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